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Nunca dejamos de aprendernos: lo que una nueva etapa puede despertar en nosotros

Foto del escritor: eyudith
eyudith
30 sept
3 min de lectura

Por qué comenzar algo nuevo puede hacernos sentir inseguros incluso cuando hemos trabajado durante años en nosotros mismos.


Hay algo curioso en los nuevos comienzos.

Podemos desearlos durante meses o incluso años y, cuando finalmente llegan, descubrir que además de emoción traen consigo cansancio, incertidumbre, frustración y preguntas que no esperábamos volver a hacernos.


¿Podré hacerlo?

¿Estoy suficientemente preparado?

¿Por qué me cuesta tanto si esto era lo que quería?


A veces interpretamos esas sensaciones como señales de que algo está mal.

Pero comenzar una nueva etapa también significa entrar en un escenario donde todavía no tenemos todas las respuestas.


Lo nuevo puede despertar pensamientos antiguos

Podemos haber trabajado durante años nuestra autoestima y volver a sentirnos inseguros.

Podemos considerarnos organizados y descubrir que nuestra rutina dejó de funcionar.

Podemos haber aprendido a manejar la frustración y encontrarnos nuevamente impacientes cuando algo no sale como esperábamos.

Esto no necesariamente significa que perdimos lo aprendido.

La situación cambió.

Y ahora nuestras herramientas necesitan aplicarse en un contexto diferente.

Desde la terapia cognitivo-conductual observamos precisamente la relación entre las situaciones que vivimos, los pensamientos que aparecen, las emociones que experimentamos y aquello que terminamos haciendo.

Una experiencia nueva modifica ese escenario.

Por eso también puede mostrarnos aspectos de nosotros que necesitan volver a trabajarse.


“Pero yo quería que esto sucediera”

Existe otra expectativa que puede hacernos sentir culpables:

Si esto es algo bueno, debería estar disfrutándolo.

Pero las emociones humanas rara vez funcionan de una manera tan sencilla.

Podemos sentir ilusión y miedo.

Agradecimiento y agotamiento.

Orgullo e inseguridad.

Una emoción no necesariamente contradice a la otra.

Reconocer que algo nos está costando no significa dejar de valorar que esté ocurriendo.


Adaptarnos también es trabajar en nosotros

Una nueva etapa puede exigir habilidades diferentes.

Quizá necesitamos reorganizar nuestros horarios.

Construir nuevos hábitos.

Aprender a pedir ayuda.

Tolerar no saber.

Cuestionar pensamientos automáticos.

Descansar de otra manera.

Modificar expectativas.

O simplemente permitirnos ser principiantes durante un tiempo.

Muchas veces pensamos en el crecimiento personal como una especie de camino ascendente: aprendemos algo, lo superamos y seguimos adelante.

La realidad suele ser diferente.

Volvemos a encontrarnos con temas conocidos, pero desde lugares distintos.


No importa cuántos años tengas

Esta fue una de las reflexiones que más me acompañó recientemente.

Hay habilidades que hoy estoy volviendo a practicar a mis 43 años y que también puede estar aprendiendo una adolescente a los 14.

Las circunstancias serán completamente diferentes.

Pero ambas podemos estar aprendiendo a tolerar la frustración, cuestionar un pensamiento, organizar nuestro tiempo, confiar en nuestras capacidades o manejar una emoción difícil.

No existe una edad en la que terminemos de aprender a vivir.

Cada etapa trae preguntas nuevas.

Y también nuevas oportunidades para practicar aquello que hemos aprendido.


Quizá no estamos retrocediendo

Cuando reaparece una inseguridad podemos pensar:

Creí que esto ya lo había trabajado.

Quizá sí.

Pero trabajarlo nunca significó garantizar que jamás volverías a sentirlo.

Puede significar que ahora lo reconoces antes.

Que sabes detenerte.

Que tienes herramientas.

Que reaccionas diferente.

Que puedes pedir ayuda.

Que eres capaz de atravesarlo sin permitir que determine todas tus decisiones.

Y ahí también existe crecimiento.


Para reflexionar

Tal vez estás comenzando algo.

O terminando algo.

Quizá tu vida cambió sin que tú lo eligieras.

Tal vez estás entrando a una nueva escuela, trabajo, relación, maternidad, independencia, proyecto o etapa personal.

No necesitas saber inmediatamente cómo vivir esta versión de tu vida.

Puedes aprenderla.

Porque quizá crecer nunca significó llegar al punto donde finalmente sabemos manejarlo todo.


Quizá crecer también significa seguir aprendiendo de nosotros cada vez que la vida cambia.



 
 
 

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