Lo que hacemos con lo que falta
- eyudith

- 10 may
- 1 min de lectura
Hay pérdidas que no se anuncian.
Que no se explican.
Que simplemente ocurren.
Personas que se van sin dar respuestas, vínculos que cambian sin previo aviso, historias que terminan de una forma que no elegimos. Y en medio de eso, queda algo difícil de nombrar: la ausencia.
No siempre elegimos lo que se pierde.
Pero sí elegimos qué hacer con eso que ya no está.
El dolor que deja una ausencia no es solo por la persona, sino por lo que representaba: la historia compartida, la confianza, los planes, la versión de nosotros que existía en ese vínculo.
Y cuando eso desaparece, también hay un pequeño duelo por quien éramos.
Sanar no siempre significa entender.
A veces significa aceptar que no habrá explicación suficiente.
Significa dejar de buscar respuestas donde ya no hay diálogo.
Significa dejar de insistir en lo que ya terminó.
Pero también significa algo más profundo:
reconstruirte sin negar lo que dolió.
Elegir no endurecerte.
Elegir no cerrarte.
Elegir seguir, aun con la herida.
Porque lo que hacemos con las ausencias también nos define.
Podemos quedarnos en el enojo, en la confusión, en la herida abierta…
o podemos transformar esa experiencia en conciencia, en límites más claros, en una forma distinta de vincularnos.
No elegiste la ausencia.
Pero sí puedes elegir tu respuesta.
Y a veces, la forma más sana de seguir
es soltar con dignidad
y continuar con amor propio.



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