No sabía cuánto necesitaba un espacio para mí hasta que lo tuve
- eyudith

- hace 20 horas
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Durante mucho tiempo pensé que la terapia era para personas que estaban atravesando una crisis, que necesitaban resolver algo urgente o que ya no podían más.
Por eso me sorprendió descubrir que la terapia también puede ser un espacio para algo mucho más amplio: conocerse.
Cuando empecé a comprender mejor mis pensamientos, mis emociones y la forma en que reaccionaba a ciertas situaciones, muchas cosas empezaron a tener sentido.
No encontré respuestas mágicas.
Encontré preguntas importantes.
Encontré herramientas.
Encontré nuevas formas de relacionarme conmigo misma.
Desde la Terapia Cognitivo Conductual aprendemos que no siempre podemos controlar lo que sucede, pero sí podemos aprender a identificar cómo interpretamos las situaciones y cómo respondemos a ellas.
Y esa diferencia cambia mucho más de lo que parece.
La terapia me enseñó que algunas emociones necesitan ser escuchadas y no ignoradas.
Que algunos pensamientos pueden cuestionarse.
Que algunas conductas pueden modificarse.
Y que comprenderme mejor me daba más libertad para elegir cómo quería vivir.
Con el tiempo entendí que la terapia no era solamente un espacio para resolver dificultades.
También era un espacio para crecer.
Para detenerme.
Para pensar.
Para entenderme.
Quizá no todas las personas llegan a terapia por la misma razón. Pero muchas descubren algo parecido:
que tener un espacio para uno mismo puede transformar mucho más de lo que imaginaban.
Y yo tampoco sabía cuánto lo necesitaba hasta que lo tuve.



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